Cetosis antes y después: qué cambia de verdad en tu cuerpo (día 1 a mes 1)
Todos hemos escuchado alguna vez hablar de la cetosis (o “keto”) como ese tipo de alimentación que “te hace quemar grasa” y, de paso, promete energía más estable y mejor foco mental. Y sí: puede tener sentido… pero no es magia, no le funciona igual a todo el mundo y, mal planteada, se puede volver un lío.
En este artículo te cuento qué suele pasar antes y después de entrar en cetosis, con una línea temporal realista (día 1–3, semana 1, semana 3–4), los pros y contras, y los errores que más te sacan del camino. Y un aviso importante: si eres menor de 18 años, estás embarazada, tomas medicación o tienes alguna condición médica, esto se debería ver con un profesional sanitario. No es postureo: es seguridad.
Qué es la cetosis (explicado sin lío)
Cuando digo “cetosis”, me refiero a un estado metabólico en el que tu cuerpo, en vez de tirar principalmente de glucosa (azúcar), pasa a usar grasa como fuente de energía de forma más predominante, produciendo cuerpos cetónicos.
De glucosa a grasa: el “cambio metabólico”
En condiciones normales, comes carbohidratos (pan, pasta, arroz, patata, fruta en cierta cantidad), sube la glucosa, sube la insulina y el cuerpo utiliza esa glucosa como energía. También guarda parte como glucógeno (sobre todo en hígado y músculo).
Cuando bajas mucho los carbohidratos (y suele aumentar la proporción de grasas), el cuerpo agota parte de ese glucógeno y empieza a “buscar” alternativas. Aquí llega el famoso “switch”: más uso de ácidos grasos y producción de cetonas en el hígado. Y ojo: a mí me gusta pensarlo como pasar de un modo “gasolina rápida” (glucosa) a un modo “diésel constante” (grasa/cetonas): menos chispa inmediata, más estabilidad… cuando ya estás adaptado.
Cuerpos cetónicos: qué son y por qué se notan
Los cuerpos cetónicos más mencionados son el beta-hidroxibutirato (BHB), el acetoacetato y la acetona. No es que “aparezcan por arte de magia”: los fabrica tu cuerpo a partir de grasa, y sirven como combustible para varios tejidos. El cerebro, por ejemplo, no usa grasa “tal cual” con tanta facilidad, pero sí puede usar cetonas.
Esto explica por qué mucha gente reporta cambios en energía, apetito y, a veces, en claridad mental. Pero también explica por qué el inicio puede sentirse raro: el cuerpo no cambia de motor en 5 minutos.
Antes de entrar en cetosis: cómo se siente “vivir a glucosa”
Antes de cualquier “después”, conviene entender el “antes”: el patrón típico cuando tu energía depende sobre todo de glucosa.
Energía en picos y bajones
Si desayunas o comes alto en carbohidratos (especialmente refinados), es fácil vivir el combo: subidón → bajón. No a todo el mundo le pasa igual, pero el patrón es común: más somnolencia tras comidas grandes, más dificultad para concentrarte a ciertas horas, y esa sensación de “necesito algo dulce” como empujón.
Yo lo resumo así: cuando tu día depende de picos de azúcar, tu foco y tu humor pueden volverse más “montaña rusa” de lo que te gustaría. Y esto no es moral (“comer carbohidratos está mal”), es fisiología y contexto: qué comes, cuánto, con qué acompañas (proteína/fibra), y tu estilo de vida.
Hambre y antojos: por qué aparecen tan rápido
Otro clásico del “antes”: hambre que aparece a las 3–5 horas, o antojos que no parecen hambre real. Si tus reservas rápidas (glucógeno) bajan y tu cuerpo está acostumbrado a reponerlas, te empuja a comer.
A mí me gusta separar dos cosas: hambre real (comerías “algo normal”) vs ganas (buscas algo concreto, normalmente dulce o harinoso). Esa diferencia, cuando empiezas a observarla, te da una pista de por qué muchas personas encuentran en la keto una ventaja: al estabilizar energía, puede bajar la urgencia constante de picar. No siempre, pero pasa.
Día 1–3: el antes y después más brusco (la transición)
Si hay una parte donde la gente se asusta, es aquí. Los primeros 3 días suelen ser los más “dramáticos”, no por peligrosos necesariamente, sino por cambio de sensaciones.
Bajón de energía y “mente nublada”: lo típico al principio
Cuando reduces carbohidratos de golpe, al principio puedes notar menos energía. Tu cuerpo todavía no es eficiente usando cetonas como “plan A”. Esta transición se nota especialmente si venías de comer alto en carbohidratos.
Aquí es donde yo he visto (y me encaja totalmente) que mucha gente abandona: interpreta el bajón como “esto no es para mí”, cuando a veces es simplemente adaptación. Ojo: “adaptación” no significa “aguanta todo”. Significa que, si lo haces, lo hagas con cabeza y escuchando al cuerpo.
Gripe keto: por qué pasa y qué suele tener detrás (electrolitos)
La famosa “gripe keto” suele describirse como dolor muscular, escalofríos, fatiga, niebla mental. Una explicación frecuente es que al bajar glucógeno también se pierde agua, y con ella electrolitos (sodio, potasio, magnesio). Si esto se descompensa, te sientes regulín.
Sin darte instrucciones médicas, mi regla práctica es: si alguien se mete en keto y de repente se siente fatal, muchas veces no es “falta de carbohidratos” sin más, sino mala gestión del inicio (hidratación, sales, verduras/fibra, descanso). Y si hay síntomas intensos o preocupantes, se consulta.
Sueño y estrés: cuando el cuerpo lo vive como un cambio fuerte
A algunas personas les aparece insomnio al principio. El cambio puede elevar el estrés fisiológico (cortisol), y eso afecta el sueño. Y claro: dormir peor empeora todo (antojos, irritabilidad, rendimiento). En mi cabeza, esto es el “efecto dominó” de la primera semana: si duermes mal, lo demás se vuelve cuesta arriba.
Semana 1: lo que ves por fuera (y lo que está pasando por dentro)
La primera semana es donde mucha gente se engancha… o se frustra.
Pérdida rápida en báscula: agua vs grasa
Un clásico de “keto antes y después” es bajar rápido al inicio. Aquí hay que ser honestos: parte importante suele ser agua (relacionada con glucógeno). Eso no es “mentira”, pero tampoco es “grasa derretida” a esa velocidad.
Yo prefiero decirlo así: la semana 1 es una mezcla de ajuste de líquidos + cambio de apetito + posible reducción de calorías sin darte cuenta. Si alguien solo mira la báscula y no entiende esto, se puede confundir (y luego asustarse cuando el peso se estanca o sube al reintroducir carbohidratos).
Digestión: estreñimiento/diarrea y por qué ocurre
Al subir grasas y bajar ciertos vegetales o cereales, tu digestión puede cambiar. Mucha gente cae en estreñimiento por bajar la fibra. O, al contrario, puede tener diarrea si mete demasiada grasa de golpe.
Aquí, mi “yo” interno se pone pesado: keto no debería ser “solo bacon y queso”. Si no hay verduras, fibra y alimentos mínimamente decentes, la microbiota lo nota… y tú también.
Aliento “raro” (acetona): qué significa realmente
La acetona puede dar un olor característico al aliento (algunas personas lo describen como afrutado). No le pasa a todo el mundo, y no significa “lo estás haciendo perfecto”, pero puede aparecer como parte del proceso. Es una de esas señales que la gente usa como “medidor casero”, aunque no es infalible.
Semana 3–4: el “después” cuando te adaptas
Si la persona se adapta bien, aquí llega el “después” que normalmente se busca.
Energía más estable y concentración (cuando todo encaja)
Cuando el cuerpo se acostumbra, mucha gente reporta energía más estable y mejor enfoque. A mí, como idea, me parece lógico: si reduces los picos de azúcar, reduces parte del serrucho energético del día. No es un superpoder, pero sí puede ser un cambio notable.
Menos apetito y más facilidad para seguirlo
Otro “después” típico: menos hambre y menos urgencia por picar. Y esto explica por qué la dieta cetogénica puede tener adherencia en algunas personas: no porque sea mágica, sino porque reduce fricción.
Yo lo describo como “silencio mental” con la comida: cuando no estás pensando en comer cada pocas horas, es más fácil sostener un plan. Pero repito: no a todo el mundo le pasa, y si te genera ansiedad o malestar, no compensa.
Entrenamiento y rendimiento: por qué el cardio largo puede costar al inicio
En deportes aeróbicos largos, al inicio puede bajar el rendimiento. La energía de la grasa es muy estable, pero no siempre tan “explosiva” como la glucosa para esfuerzos intensos o prolongados en ciertos rangos.
Por eso hay gente que hace enfoques más flexibles (carbohidratos estratégicos según el entrenamiento). Para mí, esta es una de las claves de un “antes y después” realista: el objetivo no es sufrir; el objetivo es encontrar el punto donde tu salud y tu vida funcionan.
Pros y contras de la dieta cetogénica (sin vender humo)
Aquí va lo bueno y lo malo, sin filtros.
Pros: control del apetito, estabilidad energética, etc.
- Acceso a reservas de grasa como fuente energética y, en algunas personas, pérdida de grasa más fácil (sobre todo si ayuda a comer menos sin ansiedad).
- Energía más estable y menos picos de somnolencia.
- Posible mejora en control de antojos (especialmente de azúcar/harinas).
- En ciertos contextos clínicos (siempre con supervisión), la cetogénica se ha usado históricamente (por ejemplo, epilepsia). Esto no significa que sea “para todos”.
Contras: fibra/microbiota, sostenibilidad, rendimiento específico
- Puede fastidiar la digestión si baja la fibra o si la calidad de la comida es mala.
- Sostenibilidad: socialmente cuesta, y mentalmente puede volverse rígida.
- En algunas personas, empeora el sueño al inicio.
- No es ideal para todo tipo de entrenamiento.
- Y muy importante: si eres menor de edad, la restricción fuerte de carbohidratos puede ser especialmente delicada por crecimiento, deporte y relación con la comida.
Cómo saber si estás en cetosis (sin obsesionarte)
Yo aquí soy muy fan de lo simple: señales + contexto, sin convertir tu vida en un laboratorio.
Señales comunes (y cuáles engañan)
Señales que pueden aparecer: menos hambre, energía más estable, aliento distinto, cambios en rendimiento, menos “necesidad” de dulce.
Señales que engañan: bajar rápido de peso la primera semana (puede ser agua), o sentirte fatal (puede ser mala transición).
Si tu objetivo es “cetosis antes y después”, lo útil no es solo “¿tengo cetonas?”, sino “¿me siento mejor, duermo bien, entreno razonable, mi digestión está ok?”.
Medición: sangre, orina y aliento (pros y contras en general)
Existen formas de medir cetonas (sangre, orina, aliento), pero cada una tiene matices. Y además: obsesionarte con números puede hacer que pierdas el norte. Si alguien usa suplementos de cetonas, puede alterar mediciones sin que eso signifique que está perdiendo grasa como espera.
Mi consejo general: si vas a medir, que sea para aprender, no para castigarte.
Errores típicos que arruinan el “antes y después”
Aquí es donde muchas “keto transformaciones” se rompen.
“Keto” a base de ultraprocesados: el clásico
Si tu keto es embutidos, quesos procesados y productos “keto” empaquetados, puede que entres en cetosis… pero tu salud digestiva, tu saciedad y tu bienestar pueden salir perdiendo.
Proteína demasiado alta o grasas de mala calidad
Hay gente que hace “keto” pero en realidad está en “proteína alta con miedo a la grasa”. Y hay gente que mete grasas sin mirar fuentes. Para mí, la calidad importa: aceite de oliva, aguacate, frutos secos, pescado azul… suele jugar mejor que “todo lo que sea graso vale”.
Falta de fibra, agua y minerales
Si no hay verduras, si no bebes suficiente, si no cuidas electrolitos, la transición se vuelve más dura. Y ahí aparecen estreñimiento, cansancio y “gripe keto”.
Comer “keto” pero pasarte de cantidad
Puedes comer “keto” y aun así no ver cambios si tu ingesta total es muy alta. Esto no va de contar calorías al milímetro (menos aún si eres adolescente), pero sí de entender que el balance importa.
¿A quién no le conviene o debería consultarlo sí o sí?
Aquí prefiero ser claro: no todo vale para todo el mundo.
Si eres adolescente, si tomas medicación o tienes condiciones médicas
Si eres menor de 18 años, yo no me metería en keto estricta sin supervisión sanitaria. Si tomas medicación (por ejemplo, para diabetes) o tienes problemas hormonales/metabólicos, se consulta antes.
Vesícula, colesterol familiar y problemas con grasas
Si alguien no tolera grasas, tiene antecedentes familiares fuertes de colesterol elevado o problemas digestivos con grasa, la cetogénica puede ser mala idea o requerir un planteamiento muy personalizado.
Señales para parar y pedir ayuda profesional
Mareos fuertes, malestar persistente, empeoramiento claro del sueño durante semanas, síntomas digestivos intensos o cualquier señal que te preocupe: prioridad a la salud.
Alternativa más flexible: beneficios sin ir a extremos
Si lo que te atrae es el “después” (energía estable, menos antojos), no siempre necesitas keto estricta.
Reducir azúcar/ultraprocesados y subir grasas saludables
Muchas personas mejoran solo con: menos bebidas azucaradas, menos bollería, menos harinas refinadas, más proteína decente, más verduras y grasas saludables. Esto ya reduce picos de glucosa.
Carbohidratos “estratégicos” según tu actividad
Si entrenas, a veces tiene sentido mantener carbohidratos alrededor del ejercicio y moderarlos fuera. Para mí, esta flexibilidad gana a largo plazo: mejor adherencia, menos estrés, y un “antes y después” más sostenible.
Preguntas frecuentes sobre cetosis antes y después
¿Cuánto tarda en notarse la cetosis?
Depende. Hay quien nota cambios en 24–72 horas (sobre todo en apetito/energía), y quien tarda 1–3 semanas en sentir “estabilidad” real. Lo clave es no confundir la semana 1 (agua + adaptación) con el “después” de la semana 3–4.
¿La “gripe keto” es obligatoria?
No. Suele aparecer más cuando se hace un cambio brusco y no se cuida hidratación/electrolitos/fibra/descanso. Si es fuerte o persistente, no lo normalices.
¿Por qué bajo rápido al principio y luego me estanco?
Porque al inicio suele haber pérdida de agua (glucógeno), y luego llega la realidad: si buscas pérdida de grasa, manda el conjunto (adherencia, calidad de comida, sueño, estrés, movimiento).
¿Qué pasa cuando sales de cetosis?
Es normal recuperar algo de peso rápido por agua al recargar glucógeno. No significa “engordé de grasa en 24 horas”. Por eso, medir el éxito solo por báscula puede engañar.
Conclusión
Cetosis antes y después no es solo una foto: es un proceso. El “antes” suele ser más picos de energía y hambre más frecuente; el “durante” (día 1–3) es la transición que puede traer bajón, sueño raro o “gripe keto”; y el “después” (semana 3–4) es donde, si encaja contigo, aparece energía más estable y menos apetito.
Mi resumen honesto: la keto puede ser una herramienta útil para algunas personas y en ciertos momentos, pero no es el camino obligatorio. Si lo haces, hazlo bien. Y si no te compensa, hay alternativas más flexibles que también mejoran energía y control de antojos sin extremos.
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Si te gusta la idea de llevar un seguimiento práctico de cómo te está sentando la cetosis (sobre todo en la transición de la primera semana), puedes hacerlo con Vivoo: es una tira reactiva de orina que escaneas con la app y, en ~90 segundos, te devuelve resultados y recomendaciones de bienestar (no es una herramienta de diagnóstico médico).
¿Qué mide Vivoo? 9 marcadores que encajan perfecto con lo que has leído en el artículo
Vivoo incluye 9 parámetros: cetonas, radicales libres (estrés oxidativo), sodio, magnesio, calcio, vitamina C (ácido ascórbico), pH, proteína y gravedad específica (relacionada con hidratación).
Y aquí es donde encaja con “cetosis antes y después”:
- Cetonas: te ayudan a ver si estás más cerca del “modo cetosis” (ideal para seguimiento, sin volverte loco con números).
- Gravedad específica (hidratación) + sodio/magnesio/calcio: justo lo que suele dar guerra al principio (la famosa “gripe keto”, bajón, calambres, sueño raro), porque la transición muchas veces va de la mano de cambios en agua y minerales.
- Vitamina C + estrés oxidativo: te sirven como recordatorio de que “keto” no es solo grasa, sino calidad de comida (verduras, alimentos reales, etc.).
- pH: un dato extra para observar tendencias, sin interpretarlo como “bueno/malo” por sí solo.
Y ojo con esto (importante y transparente): el propio manual recalca que Vivoo es para autocontrol (self-tracking), no para diagnosticar, y que el parámetro proteína no está pensado para uso médico ni para personas con enfermedades renales diagnosticadas.
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